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Claus psicològiques per entendre la classe mitjana

26/04/2013 Articles d'opinió, CAP Sense comentaris

Introducción

Solo unas pinceladas mínimas sobre psicoanálisis es la pretensión del cuadro resumen que elaboraré, y, si al menos consigo no contradecirme y haber captado parte de la esencia que los autores Sartre y Ricoeur leyendo a Freud nos legaron del psicoanálisis, estaré más que satisfecho. El lector puede sacar sus conclusiones para entender la deriva sufrida por la clase media en sociedades neocapitalistas.

Para dar sentido a este resumen empezaré con el psicoanálisis existencial de Sartre, cuyas bases necesitan confrontarse al inconsciente de Freud y a la suma de deseos como esencia del ser propuesta por Flauvert. Es en estos enfrentamientos donde obtiene su identidad el análisis existencial que propone el autor.

Seguiré por el sendero del psicoanálisis dentro de los límites que Ricoeur interpreta de la obra de Freud a este respecto. Cómo la reflexión sobre la interpretación de los sueños de Freud nos conduce a la reflexión filosófica, abandonando la terapia al lenguaje. En este escenario se sitúa el concepto de sujeto y la reflexión sobre la arqueología del sujeto.

Por último, me daré el permiso de opinar sobre el contenido expuesto aún siendo un neófito en estas disciplinas.

Sartre y el psicoanálisis existencial

Texto a debate (El ser y la nada, cuarta parte: Tener, Hacer y Ser, capítulo II: Hacer y tener, Subcapítulo I: El psicoanálisis existencial) [2]


 

Sartre se forma en la fenomenología de Husserl y en la filosofía de Heidegger -discípulo éste de aquél-. Se observa aquí la influencia que ejerce sobre Sartre el racionalismo cartesiano. En este punto se diferencia de Heidegger, quien deja fuera de juego a la conciencia. Defiende que el ser del hombre se distingue del ser de la cosa porque es consciente, y por ello concibe la existencia humana como existencia consciente.

En este sentido rechaza la psicología del inconsciente, particularmente la defendida por Freud, argumentando que “lo inconsciente” era un criterio característico del irracionalismo alemán, motivo por el cual rechazaba una psicología basada en tal irracionalismo.

De este modo, Sartre intenta una psicología racional a la que llamó psicoanálisis existencial, basándose en una total autocrítica del sujeto hasta eliminar el autoengaño. Un argumento que utilizo para defender esta postura fue: «Un ser humano adulto no puede ni debe estar defendiendo sus defectos en hechos ocurridos durante su infancia, eso es mala fe y falta de madurez».

Pero, deberíamos matizar más el concepto de existencialismo en Sartre para comprender el psicoanálisis existencial. En su conferencia de octubre de 1945 “el existencialismo es un humanismo” dice “la existencia precede a la esencia”, abandonando así la corriente esencialista (Husserl), asumiendo de Heidegger que no se puede hablar de Ser como Esencia.

También de Heidegger se distáncia en el sentido que Heidegger ensalza la relevancia de la muerte mientras Sartre dice que lo que hay que explicar es la vida, quizá por este motivo Heidegger se posicionó políticamente con el fascismo -vivir para morir-. En el texto analizado se cita “la intención del ser es llegar a ser” y no morir. Otro distanciamiento se vislumbra en la misma concepción del ser, mientras para Heidegger el “Dasein” es un “ser-ahí”, un eyecto arrojado al mundo, para Sartre el ser humano en cuanto “ser-para-si” es un “pro-yecto”, un ser que debe hacerse, el ser humano es un proyecto en construcción.

Volviendo al psicoanálisis existencial, ¿qué es aceptable para Sartre del psicoanálisis de Freud y qué no?.

En primer lugar trataremos la división que hace Freud de (yo, super-yo y ello), en la segunda tópica considera que el super-yo es parte del ello, por tanto simplifica esta división en (yo y ello), en este sentido desplaza el conjunto de principios morales, etc hacia el ello, como algo externo al ser humano.

En segundo lugar, mientras Freud diferencia dentro de lo psíquico entre consciente e inconsciente, considerando que no puede haber psicoanálisis sin inconsciente, además relega el papel del consciente o la conciencia a un adjetivo no un sustantivo al considerar que hay actos conscientes – no hay consciencia –. Sartre arremete contra el inconsciente de Freud argumentando que hay cosas no conscientes que son preconscientes – que también son admitidas por Freud -y que no son inconsciente, la mayor parte de las cosas son preconscientes. La posición de Sartre es clara, ¿porqué recurrir al inconsciente si es un concepto paradójico? – fenómenos de hipnosis, interpretación de los sueños, patologías-.

Centrándonos en el psicoanálisis existencial de Sartre, el deseo juega el papel central, y este debe entenderse como conciencia misma en su estructura original pro-yectiva:

Guardemonos, pues, de considerar los deseos como pequeñas entidades psíquicas que habitarían la conciencia: son la conciencia misma en su estructura original proyectiva y trascendente, en tanto que es por principio conciencia de algo.” (El ser y la nada, cuarta parte: Tener, Hacer y Ser, capítulo II: Hacer y tener, Subcapítulo I: El psicoanálisis existencial, párrafo 1)

En este sentido, entrelaza a la vez como deseo tanto la intencionalidad -conciencia de algo- como su originario o proyecto -estructura original y proyectiva-. El proyecto así definido une las dos instancias en la conciencia.

Por otra parte tampoco reducir al hombre a un haz de deseos como lo hace Flaubert, al estilo de unas propiedades físicas de las ciencias, ya que en este caso el hombre desaparece. Ya no encontramos “aquel al cual le ha ocurrido tal o cual aventura” . Como concepto metafísico, la persona también desaparece “al buscar la persona nos encontramos con una sustancia metafísica, inútil y contradictoria”.

Aún así, Sartre no renuncia a la unidad de lo personal, intenta rearticular la persona aunque se este desmoronando, intenta -digámoslo así- “salvar los trastos” con la unidad de responsabilidad, entendiendo como responsabilidad hacerse cargo de la situación, de responder frente a los estímulos externos, en esto consistiría su idea de autonomía.

Con la unidad del ser original, hay que repensar los conceptos, no hace falta crear un lenguaje nuevo, y, con ellos irá construyendo las bases del psicoanálisis existencial.

Un ejemplo de ello es el concepto de amor, en el que considera que la mujer es un mero cuerpo conductor del circuito y no el objeto del deseo, el deseo es más indeterminado. Léase hombre en vez de mujer para los seres cuya orientación sexual así lo exija. Por otra parte en el amor carnal, los novelistas católicos, ven su trascender a Dios, y el impulso hacia Dios no es menos concreto que el impulso hacia determinada mujer, con lo cual, hay que volver a encontrar, bajo aspectos parciales e incompletos del sujeto la verdadera concreción, que Sartre considera que es la totalidad de su impulso hacia el ser, su relación original consiguo mismo, con el mundo y con el Otro, en la unidad de sus relaciones internas y de un proyecto fundamental.

Llegados a este punto, profundiza en el ser y argumenta que el ser-para-sí es para sí mismo su propia carencia de ser, es la nihilización del ser-en-sí, y esta nihilización se define como proyecto hacia el en-sí, de este modo, entre el en-sí nihilizado y el en-sí proyectado, el para-sí es nada. La tesis que subyace para el ser hombre queda:

Ser hombre es tender a Ser Dios: o, si se prefiere, el hombre es fundamentalmente deseo de ser Dios.

Pero, ¿que ocurre con la libertad si el hombre en su surgimiento mismo es conducido hacia Dios como hacia su límite y la libertad no es nada más que una elección que crea sus propias posibilidades?. En este sentido, si Dios existe el hombre no puede ser libre, esta determinado su destino. El Yo como sujeto libre puede existir si Dios no existe.

No podría terminar este pequeño resumen – del que solo he resaltado las pinceladas que me han parecido más interesantes -, sin mencionar las reglas del método al cual Sartre llama psicoanálisis existencial, y que a mi entender, recogen la tesis de la lectura propuesta:

a) El principio de este psicoanálisis es que el hombre es una totalidad y no una colección; que en consecuencia, se expresa por entero en la más insignificante y superficial de sus conductas; en otras palabras, no hay un gusto, ni un tic, ni acto humano alguno que no sea revelador.

b) El objeto del psicoanálisis es descifrar los comportamientos empíricos del hombre, es decir, sacar a plena luz las revelaciones que cada uno de ellos contiene y fijarlas conceptualmente.

c) Su punto de partida es la experiencia; su punto de apoyo, la comprensión preontológica y fundamental que el hombre tiene de la persona humana. Aunque la mayoría de la gente, en efecto, pueda pasar por alto las indicaciones contenidas en un gesto, en una palabra o una mímica y equivocarse sobre la revelación que aportan, toda persona humana posee a priori el sentido del valor revelador de esas manifestaciones y es capaz de descifrarlas, por lo menos si se le ayuda y se le conduce de las manos… “.

Ricoeur leyendo el psicoanálisis de Freud

Textos a debate: Freud, una interpretación de la cultura

Libro primero: Problemática: Situación de Freud, Capitulo 1: Del lenguaje, del símbolo y de la interpretación. [1]

Libro primero: Problemática: Situación de Freud, Capitulo 2: El conflicto de las interpretaciones. [1]

Libro tercero: Dialéctica: Una interpretación filosófica de Freud, Capitulo 2: Reflexión: Una arqueología del sujeto. [1]


 

Mientras las ideas de Marx, Freud y Nietzsche sirvieron como fundamento para una teoría crítica de la sociedad centrada en un diagnóstico lapidario de las patologías de la modernidad (Adorno, Horkheimer, Marcuse), en Francia Paul Ricoeur reivindica a los mismos autores como “maestros de la sospecha” y apuesta a una reinterpretación del psicoanálisis como una arqueología del sujeto y una semántica del deseo. El psicoanálisis deja de estar arrinconado por la exigencia de defenderse de la afirmación de que no es ciencia; estos autores lo consideran un método nuevo para obtener conocimientos que la filosofía puede llevar a su propio huerto.

Ricoeur (1965) entiende al psicoanálisis como una disciplina interpretativa o hermenéutica. Lo enunció así: “El psicoanálisis no es una ciencia de observación, sino es una interpretación más comparable a la historia“. Ricoeur reformula el problema de la teoría en el psicoanálisis en los siguientes términos:

Cierto que una teoría debe atenerse a reglas de deductibilidad independientemente de su modo de verificación. Pero no es lo mismo prestarse a una verificación empírica que hacer posible una interpretación histórica. La teoría analítica debe compararse no a la teoría de los genes o los gases sino a una teoría de la motivación histórica; se trata de comprensión histórica y no de explicación causal—natural. No se trata de cumplir con la exigencia epistemológica de un material compuesto por ‘casos’ clínicos observados por investigadores independientes sino que el material psicoanalítico es una secuencia de hechos donde es posible distinguir ciertos tipos en las semejanzas entre caso y caso. El problema es saber si estos tipos no están, desde el punto de vista epistemológico, más cerca de los tipos de Max Weber, que permiten dar a la comprensión histórica ese carácter de inteligibilidad sin el cual la historia dejaría de ser ciencia (…) Precisamente, por cuanto lo típico es lo que hace comprender en historia, como la regularidad explica en ciencias naturales, es por lo que se considera la historia como ciencia (…) en este sentido la teoría psicoanalítica tiene como función el situar el trabajo de la interpretación dentro del campo de la palabra, en la región del deseo” (Ricoeur 1970:327).

Para Ricoeur, “el lugar filosófico del discurso analítico está definido por el concepto de arqueología del sujeto” y la vía regia de acceso al inconsciente es la interpretación de sueños. Al privilegiar el estudio del sueño el filósofo francés busca argumentos a favor de la analogía hermenéutica, y resta importancia a la asociación libre realzando los símbolos fijos en los elementos del sueño. En efecto, si el sueño manifiesto es análogo a un lenguaje olvidado o a un código secreto, es preciso prestar la misma atención a todos los elementos, en el supuesto de que existen equivalentes establecidos entre los que se manifiesta y lo que permanece oculto, es decir, entre el símbolo onírico y lo reprimido. En este sentido, Ricoeur sostuvo que Freud no prestó atención suficiente al proceso de simbolización, la diferencia está en que Freud habría entendido la interpretación de sueños como una fuente de observaciones nuevas e inesperadas y Ricoeur como un texto que requiere traducción. Aunque en defensa de Freud hay que reconocer que la analogía hermenéutica fue registrada por él mismo en “El interés por el psicoanálisis” en 1913 cuando sostuvo “la interpretación de un sueño es en todo análoga al desciframiento de una escritura antigua, como los jeroglíficos egipcios”.

Ricoeur plantea el concepto de arqueología del sujeto, interpretando a Freud, y elaborando este concepto en varias etapas reflexivas. Su planteamiento pretende llevar la discusión al nivel de la discusión filosófica, y pretende conseguirlo mediante la reflexión:

  • El psicoanálisis es una arqueología de la reflexión y para la reflexión, y en este sentido es una arqueología del sujeto. ¿De qué sujeto?, ¿Cual debe ser el sujeto de la reflexión para que también lo sea del psicoanálisis?.

  • La aclaración de las preguntas anteriores nos ha de permitir otorgar un lugar filosófico a toda la discusión epistemológica del método y ubicarla dentro del campo de la reflexión.

  • Volver sobre las tesis freudianas elaborar el concepto de arqueología dentro de los límites de una filosofía de la reflexión.

¿Hasta que punto el yo sobrevive a la escisión consciente/inconsciente? Y, ¿que influencia puede tener el psicoanálisis en la tensión temporal (pasado, futuro)?, es decir, el yo se encuentra entre las pulsiones y el superyo.

¿Como nos ayuda el análisis?. El análisis entendido como un movimiento hacia el pasado, como una regresión, como una arqueología nos será útil porque es allí donde se estructura la forma de ver el presente. Pero además el análisis debe verse como una apuesta hacia el futuro, el inconsciente es el porvenir. El propósito del análisis es conseguir que donde había un “ello” debe aparecer un “yo”.

El análisis no resuelve el problema de encontrar el sujeto, este está entre las dos tensiones (pulsión y superyo). De algún modo se ha de hablar que una instancia lleva a cabo una acción y por tanto allí esta el sujeto – diferente del cogito de Descartes, diferente de un ser-ahí de Heidegger-.

En este sentido el sujeto que propone está en el “sum” de Descartes, el sujeto es necesario para que haya un acto significativo, y si en una relación analítica se le ve como un “ser-ahí”, no hay sujeto, si se ve en un acto significativo, hay sujeto. La concepción del sujeto puede ser plural, pero su negación es simple, basta no verlo en un acto significativo.

Ya tenemos identificado el sujeto, veamos la arqueología como la reconstrucción de este con el metalenguaje de la filosofía. – Ricoeur propone: si el lenguaje es la terapéutica en psicoanálisis, el metalenguaje es la filosofía-.

¿Son los símbolos previos al pensar conceptual?. En “Finitud y culpabilidad” Ricoeur argumenta que el lenguaje de los símbolos es previo al punto de partida. Su argumento se puede sintetizar del siguiente modo: “Busca la primera verdad, un punto de partida. La ilusión no es buscar el punto de partida, sino el hacerlo sin un supuesto previo. La existencia del supuesto previo hace que haya una ilusión, volver a acordarse con vistas a comenzar“

Esta operación permite situar al inconsciente antes del punto de partida inicial, se debe situar en los lenguajes simbólicos previos a la conceptualización. De alguna manera invierte el orden establecido por Descartes en el “cogito ergo sum”, situando el “sum” anterior al “cogito”.

Los conceptos estarían situados en la esfera del “cogito”, y las tensiones internas en su elaboración tienen solución si el punto de partida tiene en los sentidos el binomio (Símbolos, Inconsciente).

Esta génesis de sentido se elabora de manera preconceptual -anterior al concepto, y por tanto no en el “cogito”-, en el final de las tensiones, y marca dos maneras de leer el análisis: Primera, elaboración, dialéctica negativa. Segunda, preparatorio de que aquel sentido bien elaborado en el inconsciente busca la conciliación en el consciente.

Opinión personal

Tras seguir la traza del análisis existencial y del análisis reflexivo de Ricoeur, en el fondo, siempre vemos las ideas de Freud.

Por una parte Sartre intenta eliminar el inconsciente y encontrar el ser dentro del consciente y en cada una de las expresiones realizadas por este. En este sentido argumenta que el ser se encuentra en cada uno de los actos conscientes que este realiza. Critica la posición que Sartre entiende de Freud en el sentido de responsabilizar al inconsciente de los actos del consciente, que en su opinión relegarían al ser a un mero títere sometido a la tiranía del inconsciente, fabricando seres irresponsables de sus propios actos. Hay en esta critica un sentido profundo, y también un ataque a las creencias religiosas cristianas donde mediante la confesión redimiríamos nuestros actos de los que conscientemente reconocemos no son buenos, y estaríamos dispuestos a volver a repetirlos pues la responsabilidad no es nuestra, es la voluntad de dios.

Por otra parte Sartre tampoco escapa del hechizo del deseo, más aun, eleva este a necesidad transcendental necesaria para poder definir el ser-en-si: “El hombre es fundamentalmente deseo de ser dios” . No obstante rechaza la idea de ver al hombre como un constructo de deseos a modo de características como lo definirían las ciencias positivas de la época, y en este sentido se ve su desacuerdo radical con Flauvert. Vemos en el fondo las pulsiones de Freud detrás del deseo.

Respecto a la lectura que Ricoeur realiza sobre Freud, el inconsciente y en concreto la interpretación de los sueños son la cantera donde realizar su arqueología del sujeto. En este sentido subraya de Freud que el sueño es, en suma un ejemplo de regresión a la condición más precoz del soñante, una reviviscencia de su niñez, de los impulsos que predominaron entonces, de los modos expresivos de que pudo disponerse. Mediante el análisis de los sueños podemos esperar llegar a conocer la herencia arcaica del hombre y descubrir lo que es psíquicamente innato, siendo esta una visión ampliada del sueño recogida de Nietzche cuando dice que en el sueño se perpetua una época primitiva de la humanidad.

Pero los sueños no nos permiten conocer el porvenir, – nos insiste Ricoeur en su lectura de Freud-, incluso cuando este nos muestra nuestros deseos realizados, tal porvenir está modelado por el deseo indestructible conforme a la imagen del pasado. En este sentido “pasado” es la última palabra de “la interpretación de los sueños”, alejándose así de corrientes esotéricas modernas y antiguas que veían en el sueño de los iniciados la visión del futuro. Entonces, ¿que beneficio puede proporcionar para el futuro la interpretación de los sueños?. Ricoeur apunta a la reflexión para buscar un horizonte constructivista del futuro.

Por último si aceptamos los planteamientos que Ricoeur relee de Freud, ¿donde queda la libertad del sujeto? ¿en su capacidad de reconstruir el futuro adaptado a los dictados del pasado?, malos presagios se ciernen sobre el yo consciente en este sentido. Y si aceptamos el planteamiento de Sartre sobre el Ser, ¿donde queda la libertad del ser si admite ser deseo de ser dios?. En ambos casos la hipoteca a pagar es la ausencia de libertad en las actuaciones del ser o sujeto. De esta reflexión -y admitiendo que la felicidad se encuentra en la reconciliación con este ser- se puede extraer una aplastante sentencia para el ser humano:

… la felicidad, como reconciliación del hombre consigo mismo solo se alcanza esclavizando sus actos a los dictados de un ser inflexible en su empeño, llámese éste como mejor convenga y proceda éste de la provincia mental que cada cual entienda mejor …” (joan benavent, obras incompletas I)

Y, si admitimos un pensamiento tanático como final del resumen:

… la muerte libera al hombre de sus actos, y en este sentido, alcanza su felicidad al no poder actuar contra este ser inflexible …” (joan benavent, obras incompletas I).

Acercándose más de lo necesario a las corrientes ideológicas de las religiones cristianas, de las cuales no tengo ningún interés en justificar.

per Animal d’ànima animada

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